domingo, 6 de marzo de 2016

LA VITA E LA FINE TEMPO DI TRISTÁN ULLOA

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LA VIDA Y EL TIEMPO FINAL DE TRISTÁN ULLOA


Héroe del Estado por excelencia. Enamorado hasta el éxtasis como ningún otro en la televisión. Prototipo de soldado, del esposo, del hijo, del hermano, del convecino  y de patrón como nadie. Leal y sentimental. Se despedía de dos principales protagonistas, en una secuencia de la que hablamos ayer, de “Mariana” y de “María”. Sellaba, con un beso, un cariño, un abrazo y una invitación de boda, un absoluto reconocimiento de humanidad y justicia igualitaria para con todos sus amigos y parientes, mundanos, como les llama su madre, la desquiciada  “Montenegro”. Se va como el mejor amante del mundo; él más justo Señor de la comarca, entre rusticidad y elegancia, querido por todos, parte para reunirse con su grandísimo amor que le espera al otro lado del tiempo real para fundirse en una inmensa felicidad que les fue negada en la tierra y que la han encontrado colmándose de ella, volátiles en el vacío de un universo misterioso y fascinante que sólo existe para el alma humana.


Es como si se te muere un pariente o un actor de doblaje que amas y campanea a muerto. Desde que Paquita Rico falleciera como "Reina Mercedes", en el film de Luis César Amadori: “¿Dónde vas Alfonso XII?”. Aquel dramón cursi como un lacito rosa, que vieron nuestros abuelos, no se habían agotado los kleenex para liberar emociones, en la droguería del Hiper. Desde que murió el abuelote “Chanquete”, el gran Antonio Ferrandiz, no se conmocionaba tanto un país, que es un gran país de buena gente que quiere ser feliz o llorar de emoción, pero pasa de las canalladas que le proponen cada día unos sinvergüenzas de políticos sin remedio democrático, unas maravillosas gentes que  buscan la válvula de escape ejercitando loables sentimientos.


A diferencia de estas épocas, los ojos humedecidos que nos han vaciado de emotividad esta tarde, son un poco como el alma de nuestras abuelas que nos la contagiaron desde pequeñajos y que son inocuos. Porque, a veces,  rememorar un tiempo de nuestra vida feliz con el actor, es sanísimo. Condolerse porque nuestro héroe se ha marchado asesinado, es salubre. Cuando nos embriagamos por una especie de masoquismo de almidón, es casi obligado. Cuando nos mueve la nostalgia oliendo el alcanfor del tiempo pasado; en instantes en los que se destiñe nuestra alma por el añil de viejas novelas que nos ensoñaron con el soldado, en estos momentos, no vienen mal unos pañuelos.


¿Quién no ha soñado con ser “Fabrice” de “La Cartuja de Parma” o parecerse al joven o fondón “Tristán”?. Héroes de leyenda, soldados audaces, caballeros del Jaral o superviviente de la Guerra de Cuba. Alex brillará siempre con luz propia desde la gran magia de su interpretación, desde su inmensa selección de secuencias en las que la justicia, la pasión, el amor, la vida y la muerte, estaban siempre presentes.
Me quedo con el “Tristán” que enseñó a leer a aquella humilde partera. Fueron absolutamente emocionantes aquellos capítulos. Creo que no hay una secuencia que pueda superarlos, salvo los momentos en la Iglesia, con “Pepa”/Megan confesandole que le amaba y descubriéndose que no eran hermanos.
Hoy lo veneramos, lo exaltamos y lo lloramos  porque se ha ido en madurez y en ilusiones perdidas. Un actor de toda probidad, un hombre de hace 100 años que nos marca el camino de cómo deben de ser los hombres de hoy. Cómo debían de orientarse los mismos actuales, sobre la base del modelo de rectitud, seriedad y amor de “Tristán”. El modelo de este soldado, se ha fundido con el plasma televisivo, incrustandose en nuestro subconsciente por siempre en nuestra vida.


Me siento embargado por sentimientos de respeto y valoración. Me siento estimulado por un vapor de santidad por la partida de ese soldado fiel a la verdad y a su esposa. La vida y el tiempo de un héroe de ficción que nunca olvidaremos.

Ha sido impresionante verle caer después de un disparo que ha sumido a los jubilosos  convidados de una boda, sólo unos instantes antes, en un desconcertante y un dramático después; cuando su alegría y risa se ha tornado en un rictus de dolor inconsolable. Una secuencia de una dureza inconmensurable. Terminaba, en un instante, la vida del soldado ante una incredulidad sofocante y una resolución tremenda. Impresionante mirada de “Tristán” al vacío, mirando el otro lado de las cosas, en esos últimos instantes. Desconsolada mirada de una esposa que no puede asumir lo que está pasando. Él ya no le ve o si lo hace no puede comunicarse con ella. Es cruel y doloroso el fin de los hombres. Es la nada y es el grandísimo recuerdo que dejan tras las terroríficas imágenes que ponen telón al fin de una vida honesta a carta cabal, que profesó dos amores a prueba de la bomba “Montenegro”. Como en los buenos filmes de Zemeckis, la épica recibe un revés oscuro en el que hay que buscar a un asesino, siempre con un agradecido toque de tragedia y alguna perversión para el recuerdo.



Ha sido el mejor capítulo desde el verano y uno de los tres con más calidad de la historia de PV, de entre los más destacados. No sólo por el final.
La despedida que comenzó ayer con “Mariana” y con “María”, el “farewell”, ha continuado hoy con “Raimundo”, con “Rosario” y con sus hijos. Ha sido emocionante desde este lado de la barrera que sabíamos del fatal sino. Nos hacía abrir los sentidos y apoyar ese mensaje de ternura y coraje que iba implícito en ese “adiós” del crimen ya conocido. Todo esta largo recorrido por sus amigos y parientes, a la inversa del de Olmo, nos ha penetrado hasta el fondo lloroso de nuestro  corazón, hasta el tuétano de nuestro desconsolado cerebro.
Bellísimas actrices y grandes chicas que son todas las protagonistas: La delicada Loreto, la imponente Carlota, la pizpireta y guapísima Blanca, la “arremoliná” Ariadna, la elegante Alejandra, la resplandeciente Aída, la metamorfoseada Sandra, la enternecedora Elena, la doliente Charlotte. !Grandísimas!. Cuando sean muy mayores y recuerden secuencias como estas, cuando trabajaban dentro de este maravilloso equipo, rememorarán que, cuando enredaban por PV,  discurrieron los mejores años de su vida. Algunos ya no estaremos pero, en estos escritos, en las revistas de la época, en grabaciones de radio y en videotecas de televisión, asomarán las mujeres más fantásticas de la televisión actual. Cómo fueron estas chicas de oro molido, en un serial donde confluía el pasado con el presente de gloria que se vivió mientras practicaban una de las mejores profesiones del mundo: La de ser actriz. Donde lo terrenal se mezclaba con la magia de la espiritualidad poniéndonos, cada tarde, los pelos como escarpias, al seguir uno de los mejores teatros de la televisión de todos los tiempos, aquel que tanto nos embelleció el alma.


Inmejorables "Los Mirañar" recomponiendo lumbagos y andando de modo sospechoso camino de al Iglesia. "Dolores" parecía el "Igor", de "El jovencito Frankenstein".
Preciosa secuencia en los preparativos de la novia, como en un musical que me recordaba al de “7 novias para 7 hermanos”, de Donen. No en vano, ya había emparejado yo a Aida con Jane Powell. ¡Que bien cantan Sandra y Carlota!. Que lista es Carlota, nunca nos ha engañado, siempre hemos sabido de su completa y real personalidad y vocación cinematográfica.
Secuencia para el recuerdo de cuando el cine era un arte y amaba la vida. Llena de talento, imaginación, ternura, armonía, ilusión, ingenuidad y amor  a la vida. Un musical en PV.
Un día maravilloso lleno de amor y esperanza. En el que una novia espera estar con la persona que ama, para siempre. Y todo se ha truncado. Continuará.


En fin!. Me he quedado impactado, casi como si se me hubiera ido algo de parte de mi vida, lo cual no es exagerado porque, desde hace dos años sigo este PV y sus personajes son mis invitados a tomar el té cada tarde cuando empieza a anochecer antes o a tardar en ocultarse el sol cada día un minuto más. Todo ha sido ternura sin que la misma amortiguara el enorme grado de desesperación de sus personajes.


Dedicado a todo el equipo que ha creado, producido, escrito, rodado, interpretado... esta maravilla.


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