jueves, 29 de agosto de 2013

ADIVINA A QUIEN LE HA DADO UN TELELE ESTA TARDE EN LA CASONA


Siete ataques seguidos le han dado a la “Franciscaenpena” cuando contempla al guapísimo marido de su hija “Soledad” entrar a la "Casona", dentro de una secuencia para "troncharse" de risa ante tanto escueto protocolo  palurdo para recibir a un pedipuesto"gentleman" con educación liberal y sin rimbombancia.  "Yankee doodle dandy"
No puede decirse que, aquellas grandes damas de la escena española, no han tenido sustituta en María Bouzas. ¡Buenísima!. Esta tarde ha estado para aplaudirle  a rabiar durante más de veinte minutos acabada la representación. Heredera sin paliativos de las más grandes: Mari Carmen Prendes, de las hermanas Gutiérrez Caba, de Amelia de la Torre, Guadalupe Muñoz Sanpedro, Doña Carmen Robles o Cándida Losada.
Son las que lo dieron todo por la profesión y que Gregory La Cava inmortalizó en su film: “Stage Door”. Perfectas interpretes que navegan entre la comedia perfecta y el drama de una tragedia personal. Gentes sencillas que después del trabajo tiene su vida y hogar.
 
María Bouzas te engancha rápido. Su ritmo es rápido y muy cruel. Despiadada entre unos diálogos que parecen disparados por cañones en lugar de ser articulados por una mujer de edad, emotiva y de palabras dulces. De haber nacido en Francia, María,  sería como la gran Medeleine Renaud y hubiera interpretado “Tête d´or”. Es, tras Carlota Baró, sin duda, la mejor actriz de PV. Es más de teatro. Carlota, es el cine.
Hoy brillantísimo cierre con una “Francisca Monteconnegro” que la ha dado el telele de pie, después de quedarse transida y de perforarle, el orgullo y la isiosincrasia, un punzón de hielo.
 
Pero, como era previsible, no podía sino relacionar este final con aquel maravilloso filme de Stamley Kramer. “Adivina quien viene esta noche”. Una película notable y valiente. Por el tema que abordaba de modo democrático, sincero y lucido y por que fue el último film del memorable Spencer Tracy, muy enfermo, que murió cinco días después de rodada la película. Con momentazos de impresión y de mucha ternura.
Tendremos mañana tiempo de hablar de ella. Una comedia con una preciosa banda sonora que me la piden mucho en mi programa de Bandas Sonoras; divertida, inteligente y muy esperanzadora que nos habla de lo que llega a la “Casona” y más a una España de curas y terratenientes: Nos menta sobre el ser humano que no es racista por naturaleza, a pesar de la apariencia y de los prejuicios y con la esperanza, representada en “Soledad” y en “Terence”, que, aunque sea lentamente, los problemas raciales desaparecerán un día.
“Francisca” es el Spencer Tracy del filme. El retrógrado que se enfada porque no es de recibo a su ideología, su yerno.
 
Comienza a retratarse el problema del racismo en PV. Un mal endémico en nuestra sociedad y se llega hasta una maligna casona de tradiciones muy conservadoras que son el caldo de cultivo que hace efectiva la discriminación y el apaleamiento del diferente. Veremos que química tiene los “protas”, mañana y cómo impacta, ya que este filme de Kramer fue rotundo y delator de la intolerancia hacia el color de la piel. PV, por lo que he visto, sigue corroborando sobre que el racismo no está superado en absoluto aunque vayamos de “progres”. Nada más lejos de la realidad, ni mucho menos y las reacciones serían parejas hoy como ayer en los 60 o en PV.
No es Sydney Poitier ni es su mejor voz en el doblaje, el inolvidable Manuel Cano, ni son los fantásticos 60 ni es la Hepburn. Pero no es para desmerecer lo que llega. Ni mucho menos.
Bueno ya suponíamos que, “Quintina”/Blanquita Parés,  un bombón que parece sacado de una golosa cajita de “Bombones Vasquitos/ Pastillas Neskitas”; la nuera,  dulce sufridora más buena que las hogazas de “Candela”, no iba a pasar desapercibida para un eminente compositor grillado pero genialmente rellenito de perturbaciones. Aunque de poetas y de loco todos tenemos un poco. No me podido sino recordar, entre tanta nota improvisada según el ruido de una mosca al posarse sobre el chorizo magroso del “Colmado”, la esperpéntica letra castellano en traducción de Ernesto Santandreu, que la debió crear en momentos hipercinéticos, aquel “Do re mi” en “Sonrisas y lágrimas, en las voces de la “Coral Sant Jordi”. Eso sí muy bien interpretado por Teresa María, Alberto Águila, Javier Romaní  y Lita Torelló entre otros. 
 
No me gusta “Martín” estos días; lo siento pero está de un “plasta” que le apalanca a uno en la siesta. No es por el actor, es que está tan deslavazado y reiterativo el “Begin the Beguine” de vuelta a los mismo y de ritmo ya aburrido, sobre estos fantasmas que persiguen la historia de un amor tan desconsolado,  que parece no tener buena continuidad. Costurado de fatalidades y lejanos pasados perdidos en el presente futuro.
Quiero finalizar con las miradas de dos actrices que cada día son más mágicas: Aída y Carlota. Hoy sublimes y subliminales. Desafiantes y transcendentes. ¡Vaya actrices!. Utilizan los sentidos de los ojos como poquísimas lo hacen el  cine español. Transcienden lo óptico para ver en el más allá de nuestro interior y el de su hondo sentir maltratado. Son miradas que sobrepasan lo plano para ocupar muchos instantes de ternura. Son un mar en ebullición que lo devora todo. Han llegado esta tarde a puntos emotivos. “Mariana”, a Carlota cuando se le iluminaba el iris al recordar a Sigüenza, estos días de viajante ambulante siempre camino "palante", y a “Candela”/Aida de la Cruz con “Soledad”, tuteándose, que parecía la mismísima María Falconetti.
Mi homenaje a estas dos chicas que sólo sé de su buen hacer y cuya mirada, marcada por unos expresivos ojos, desarrolla una fascinación sensitiva inigualable que debe ser apreciable un día,  en todo su esplendor en pantalla grande.
No me disgustan los "Buendía". Charlotte, Javier y Jorge. Su reiterados amorios, desamorios, desalientos, ante repeticiones de circunstancias tan previsibles como reiteradas, no obvia que los tres actores son más que convincentes. Y empiezan ya a destacarse. Esperemos un guión más novedoso y menos ramplón y repetitivo y que no tengamos que decir aquello de "Que buenos serían si tuvieran un gran texto". Que los chicos lo valen. 


 Dedicado a nuestro teatro Victoria Eugenia de San Sebastián, donde se proyectó este filme. Hoy, dedicado a teatro, musicales y a las sesiones de pases de cine en el Festival. Pero con cine  de estreno preferente en sus días de gloria. El Festival era, antaño, este emblemático edificio real que ha cumplido 100 años. Es de lo poco que queda en Donosti de aquellos tiempos y de los muchos  cinematográfos entrañables que tuvo nuestra Gran Ciudad.




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