jueves, 11 de julio de 2013

LA FINANCIACIÓN ILEGAL DEL PADRE CELSO





“Puente Viejo” es un serial que habla en clave inteligente. Que nos explica, sutilmente, través de su anécdota narrativa, anclada en aquellos años de una distinción clara entre las  clases sociales y  de recesión económica profunda, sobre uno de los lamentables precedentes patrios que, como consecuencia, anidan en  los  hechos clamorosamente crueles de la actualidad española de hoy y que son absolutamente impresentables. La explicación: España está gobernada por las mismas entretelas que las  del ayer; por los mismos poderes corruptos que antaño se apoderaban del suelo y de la hacienda de los demás. Una oligarquía caciquil y un clero envenenado, inmoralmente profundo, sin honradez y honestidad que oprimieron al pueblo hasta miserabilizarlo, en su propio beneficio. Una sociedad campesina e incipientemente obrera, explotada desvergonzadamente. Una casta golfa y sinvergüenza, mentirosa e intrigante, los padres de los que siguen regentado este caótico país y que no dejaban alternativa a los demás, tan sólo regían para ellos y para sus mantenidamente medrosos.
De ahí que se haya descubierto, en uno de los momentos más duros de esta serie, el origen de la canallesca actitud empecinada de “Don Celso”, para llevar a la santidad burocrática al pobre infeliz de “Gonzalo”. Un inocente niño, víctima de este extesorero en misiones (como Bárcenas), que se financió ilegalmente durante años con el cuento de “la palabra de Dios a los infieles”, la evangelización, y el señuelo de "los altos cargos" en el Vaticano, a los que estaba llamado “Gonzalo”(un mero intermediario que intercediera para recuperar el poder perdido y la confianza disuelta entre la jerarquía, por parte de “Don Celso”). Y como en la actualidad: Con la avaricia, ocultada tras una benemérita y santa misión de conversión de indígenas pero, sobre todo, con la autoría de contabilidades secretas que le proporcionaron suculentas cuentas, a expensas de tanta dádiva generosa y  de tanta mentira cochina; a través de tanto daño infringido a pobres muchachos, secuestrados para mayor botín de una parte del clero. Siempre, en el nombre del Ser Supremo. ¡Cómo para decir nada!. Sobresueldos y financiación  ilegal y Santa Hermandad.
!Excelente!: Pilar Mateos, madre llorosa pero  intacta, y Jordi Coll me ha gustado. Pocas veces, Jordi, sabe estar ante la cámara como hoy, cuando se le ha derrumbado toda la credulidad de una vida, cuando se ha dado cuenta que renunció al amor de su vida, "María"/Loreto, confundíendo la fe embustera que le inocularon, con lo que subyacía en el mentor: Una puta mentira.
Preciosos “Mirañar”. ¡Menos mal que existen!. Una de las formas más dulces que tenemos para mostrar la crueldad del  ser humano, es la del cazador de mariposas. Por ello,  los ciegos, que son pacíficos,  siguen los trinos y gorgoritos de los insectos, los conocen pero no los persiguen para aniquilarlos y no porque sean invidentes. Hoy, el guión, ha pintado a “Quintina” en su feliz medida: Como una diablilla en la flor de la vida, enamorada por el interior de un marido bipolar y “majareta” que tiene y que es el más listo de todos porque le ha sabido leer a ella con romanticismo. Todo el serial, aunque su actriz aparece menos de lo deseado, sin rótulos principales, igualmente, es un canto a la verdad del ciego, llena de lógica abstracta y de maravillosa videncia entre tinieblas. Al amor del invidente que lleva “Quintína”/Blanca. Que escruta por lo que, en las personas, hay para adentro. Mientras, los “Mirañar”, surrealistamente, han ido, como no podía ser menos y entre frondosidades, a ver si las mariposas tienen memoria y si sus trinos son alegres o melancólicos. Me ha recordado a los “Hernández y Fernández”, del “Tintin” de "Las siete bolas de cristal". En su facha y ademanes. Cuando llegan en su refuerzo, los dos al unísono. Distraídos, incompetentes, repetitivos en sus dichos que dicen, los dos, lo mismo y de igual modo, reiterándolo. Una caricatura de científicos, en la que terminan siempre los del comic de Hergé, cuando ataviados ridículamente en heavy vistoso, pretenden resolver una investigación que confunden ampliamente con respecto a lo que están investigando.
Me gusta ese vestido rosa de “María”. Es el que mejor le queda. Por su talle relajado y por los sentimientos suaves y profundos que inspira. A Sandra Cervera la maquillan fuertemente. Creo que es una técnica para resaltar, con el marrón beduino, la mirada impactante de “Emilia”. No me gusta, parece que  viene de la siega  cantando "La canción del sembrador", de la  zarzuela de "La rosa del azafrán"". Lo de los “Buendía”, que se ve por dónde sangra de verdad (no por la nariz precisamente de este “Anibal”/un correctisimo Jorge Pobes), es un una mezcla de “Ustedes son  formidables”, aquel programa radiofónico de Alberto Oliveras, que apelaba a la solidaridad ante un drama humano, y de “Qué bello es vivir”, por cómo de milagrosamente se ha resuelto el tema de la cuestación. ¿Quién habrá sido el “Clarence”/ Henry Travers/ Juan León Córdoba, que habrá resuelto el oasis de infortunios de la familia “maldita?”.
Una mención especial para Ana Isabel Rodríguez, la “telefonista” atemorizada por una “Francisca" sin escrúpulos. Una voz preciosa, actriz de doblaje, en redoblajes de Angélica Huston, y de Rosanna Arquette en la actualidad, que ha demostrado que, como Mario Martín o Enric Benavent, los actores de doblaje tienen un profundo conocimiento interpretativo y una excelente vocalización. 
“Tristán” visita la pastelería muy extrañamente. Algo le está diciendo “Pepa” desde el más acá, que lo recibe en  clave huraña’, este soldado en la reserva espiritual.  Y lo de “Alfonsito” suena a  “La visita que no tocó el timbre”, de Calvo Sotelo, provocando allí situaciones cómicas y, aquí, melancólicas y dramáticas.
Dedicado a mi "compa" que tanto quiero, corresponsal en Madrid de la emisora:  Sophia Squittieri. Que acaba de terminar su graduación en "Cristina Rota", que está rodando, en La Rioja, un film: "Milsonrisas" de Manu Otxoa, el de "Amor verdadero", y que se va a Los Ángeles,  en otoño. En el Festival de San Sebastián lo solemos pasar de maravilla. 




Sophia Squittieri

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