martes, 9 de julio de 2013

TRISTÁN Y EL FANTASMA DE PEPA BALMES






Grandioso  capítulo, elegante y sutil sobre las dos esferas en las que vivimos, unos y otros. Lo unos, que viven en el correr del tiempo y, los otros, los fantasmas que habitan en una nebulosa esférica, a la orilla de la eternidad.
"Tristán Ulloa”. Muchos años penó  la muerte de la inolvidable “Pepa Balmes”. Aquella  “comadrona con título”, heróica deslenguada con razón,  que tanta locura de amor suscitó  por entre las gentes del humilde “Puente Viejo”. El caballero que, por muchas leguas, con melancólico aplomo y desesperanza irreversible, vagó desconsolado, buscando el resuello de su amor  perdido por entre la cañada y lo inexplicable. Ayer, ya les advertíamos de un pulcro y precioso acercamiento de “Tristán” hacia “Aurora”. Padre e hija se aproximan. Hoy, ha visto al fantasma de su queridísima “Pepa Balmes”, en la mirada y el comportamiento de "Carmen", en lo de "soldado". Cuando el ademán,  la impronta, el desparpajo, su lección de medicina, su arrojo, su lenguaje, en la ayudante de la confitera, le han traído, en el correr del tiempo y en la “movida” de las vigas, el espejo de “Pepa”/Megan más cerca que nunca. Lo ha tenido delante de sus incrédulas narices.  Se lo ha revelado su queridísima esposa;  hablándole  a través del vivo retrato de su hija. “Tristán” ha estado melancólico, aterrado de suponer en la recién llegada que, lejos de estar enajenada, es su parentesco. En esa secuencia en la que se da la vuelta, reconoce, con videncia enigmática, el tiempo aquel y al ser querido que se le fue. Es “Pepa” sin  duda. Cultivada, leída, pero con su enorme corazón y verdad en la palabra, coherencia contra la maldad  y con su decálogo de enfrentamiento ante la injusticia. La nueva valerosa e intrépida hija de su madre a la que, ni los “Puentevejeros” ni los espectadores, hemos olvidado en absoluto. Una felicitación a los dos: A un ensombrecido Alex Gadea, que  mira en el vacío con sus ojos, las sombras que le llegan desde más allá de la eternidad. A Ariadna Gaya, que se ha estudiado muy bien lo que debe representar, dramáticamente, en su justa medida, sobre la evocación de lo que, en ella, hay de “Pepa”/Megan, pero embadurnada de un arrojo intelectual y  de una sensualidad a flor de piel. Ariadna es un ser espiritual, absolutamente. Desde que se marchó, Megan Montaner, hoy, magistralmente, en una elipsis paranormal, ha vuelto a “Puente Viejo” y ha estado con los televidentes y con sus compañeros de rodaje. Su ánima se encontraba allí, mostrando al asustadizo  soldado, que  es en lo que se ha transmutado “Tristan”, el cómo los que se han ido están con nosotros, viven inmortalmente en sus hijos; que descansan en la inteligencia de sus genes compartidos y que los amores con ellos, no caducan nunca. Incluso, su presencia, anida entre bastidores y entre los actores que continuaron en  la serie. ¡Precioso!.
Ya les dije que es muy de John Ford todo esto. El pasado que revive tomando protagonismo absoluto y devaluando el presente. El ayer es lo real y lo de hoy está tomado como secuela plagiada de aquello que fue inmenso. !Es todo tan misterioso en la vida!. Incluso, este serial ,es un completo enigma. Toda una lección, hoy, sobre la exploración en los arcanos del amor hacia una mujer evaporada misteriosamente y del amor hacia una hija que comienza a aceptar porque ya es tangible. Son dos tiempos, dos abismos; el ayer triste, inmaterial, no aprensible ya; el mañana, que resulta desconcertante y puede traernos algo de lo que, la incomprensible desgracia y la tragedia se llevaron, arrebatándolos.
Grandes amores de la historia,  de la vida y de la literatura. Merecen estar entre ellos, en el olimpo,  los de "Pepa y Tristán". Con Ares y Afrodita. Julieta y Romeo. Abelardo y Eloisa u Orfeo y Euridice.
En “La novia cadáver”, Tim Burton se preguntaba si se puede romper un corazón que ha dejado de latir. Sí. Hoy se ha visto, el amor más allá de la vida y la muerte. “Pepa” vaga por la dimensión física de PV.  “Tristán” le rememora en cada día de su vida, sin separarse de la esperanza de reencontrar al ser más maravilloso del mundo. Ha habido hoy miradas encontradas de sueños y recuerdos, reproches, silencios y presagios, de tantas cosas que se perdieron entre los dos protagonistas, por no haberlas vivido. ¡Excelente!. El capítulo de esta tarde. Me va a ocupar casi todo el comentario. Que me perdonen los demás, pero me ha conmovido. Yo también he vivido estos hechos, hace mucho tiempo, en otro lugar. No hay nada como añorar lo que no se ha ,podido cotemplar con ella/”Pepa”. Lo que le llevó a transfigurarse en un solitario amargado que deseó estar muerto en más de una ocasión. Lo que se quedo, como testigo inmarchitable,  en las hojas caducas que no se recojen
El amor jamás separó sus mundos, hoy se han reencontrado fugazmente. Algo de “Carmen” ha creado  mágica fascinación, algo inmaterial e intangible, en su padre: Era Pepa Balmes”.Y "Rosario"/Adelfa Calvo se lo está diciendo.
Todo en Álex Gadea ha supuesto, hoy, una vigorosa melancolía en la interpretación de su personaje. Ha visto la frontera del más allá. Tantos años buscándola y la ha encontrado cuando casi pierde su vida y cuando menos lo esperaba.
A destacar: Blanca Parés. Empecinada en aprender a leer para merecer más a su “Hipólito” y labrarse un camino de libertad que surge al unísono que traza las letras torpemente en sus primeras lecciones, como paso previo para la comprensión y  el conocimiento.  Comienza a valorar la labor de la educación y no desea que, su ignorancia, le coma terreno y pasen por encima de ella, algunas brujas “txoruas” como la “Dolores” de hígado. Y se rebela. Y comienza a conocer la escritura,  que es el procedimiento imprescindible para aprender y tomar tus propias decisiones sobre una base cultural. “Quintina” apuesta por el conocimiento. El cual, como ocurre con “Aurora”, encontradas las dos actrices en el “Colmado” en esta tarde, en un momemto alegórico, nos hace más libres y muy conscientes de lo que ocurre a nuestra vera. "Quintina" se ha hecho insumisa, pasa directamente a la rebelión en el gremio de supermercados y los valientes, tiemblan, porque se acabaron los apocados.
Mientras un sacerdote va por el camino, “Martín”/Jordi. Un vagabundo que esconde una trágica historia de amor que revive constantemente. Que escamotea un pasado trágico. Me ha recordado al cine de Manuel Mur Oti, un director español muy mal tratado e incomprendido que habló mucho en su cine de familias españolas que discurrieron en un costumbrismo enternecedor. Que hacía vagar a  sus protagonistas austeramente por el camino hasta alcanzar un espíritu noble.
Sin tanta aparatosidad como en sus filmes, pero me ha gustado ese camino recorrido por “Martín”.
Dedicado a mi sobrinita Anne  en su cumpleaños. De su tio. 

José Ignacio Salazar




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