sábado, 22 de junio de 2013

CUANDO EL MUNDO ES TEATRO, AMOR Y CANALLADAS



No tengo palabras para expresar mi admiración por el grandioso capítulo de ayer sobre “Puente Viejo”. La capacidad de solvencia narrativa  a la que ha llegado la serie, es encomiable. El calidoscopio de diversas secuencias, diametralmente opuestas y que iban concatenándose perfectamente con una madurez narrativa absoluta. ¡Maravilla de televisión!. Era como una matrioska que iba abriendo los cabos sueltos, uno por encima del otro y a punto de explosionar.

Uno de los problemas que ha planteado siempre PV, que no era compartido por muchos telespectadores, en gran medida, era el de las tramas sin cerrar. En cierta ocasión, una persona, en un foro, sin conocerme de nada, me espectaba sobre él “que sabré yo de todo eso de las tramas, que soy un fantasma que no tiene ni puta idea”. Pues le respondo ahora: Cuando se entrecruzan historias, la narrativa funciona mejorsi se amontonan los amarres que cuando se cierran apresuradamente y con una lógica comercial o contractual, a veces imperiosa en muchos casos. Por ello estos PV me gustan más, Dan lo mismo pero lo resuelven con mayor coherencia. ¡Vamos!. Tienen más pies y cabeza.

Pero ayer estuvo fantástico todo. Desde el drama, apocalíptico enfrentamiento entre los personajes centrales, desencadenado por la llegada de “Aurora”. Una chica noble y brava que busca justicia y que,  a diferencia de Terence Stamp, el protagonista de aquel filme, “Teorema” de Pier Paolo  Pasolini, que ensayó sobre este tema, la visitante es de mirada limpia; no actúa para quedar bien y ganarse el cuerpo y alma de los demás; no alberga deseos ocultos ni desconocidos; ni monta tretas para que la verdad refulja un día. Pero ese personaje aparecido hace de elemento disgregador de los peores vicios de una sociedad callada, los muestra en sí mismos, los hace confrontarse y los resuelve para bien o mal. Asoman: La relación enfermiza de un “Tristán” y su absorbente dependencia para con una supuesta hija. Los engaños de la misma en cuestión y su calculada adulación para conseguir ser la dueña de las propiedades familiares. . Los cirróticos enfrentamientos familiares y entre amistades más que queridas, cuando la intuición de "Candela" o "Emilia", sopesan la nobleza de la auténtica hija, ante la evidencia de la corrupción y despotismo en la supuesta “Aurora”. Los embustes de una manipuladora que ha llegado a asesinar. Las falsas carantoñas ya no sirven cuando todo el pueblo es testigo del doble juego. Todo va a saltar por los aires, como con la inefable “Pepa”/Megan. La falsa espiritualidad tras la que se oculta la daga asesina; las hipocresías sobre el amor  a los finados tan muerteceitos; las mentiras; todo ese cruel sometimiento al orden establecido y a la verdad no asumida. La tormenta que nos ha acompañado soberbiamente en los últimos días, era el elemento dramático de lo que subyace y de lo  que llega. Las techumbres se caen, las sombras indescifrables alumbran rostros cadavéricos y ya, la “Aurora”real, se enfrenta a su abuela latifundista que ha aniquilado a una población, dejándola en el ostracismo. Es el Apocalipsis. Debe de ser así.

Curiosamente, en el cine, estos personajes que interfieren suelen estar interpretados por hombres. En “Los visitantes de la noche” de Marcel Carné, Jules Berry, un diablo adopta forma humana para enfrentar a los enamorados. ¡Qué anote “Jacinta”!. Y en ¡Qué bello es vivir! Un ángel, Henry Travers,  llega para decir cómo hubiera sido  la vida de uno, sin los suyos. ¡Que apunte “Tristán”!.

Lo que se está viviendo en estos días en la “Casona”, contrastando con el festín de los enamorados y con el renacer de la vida, es de la mejor comedia bufa.. La “Montenegro” y el espectro de “León”, el luto enlutado y todo un tabú dinamitado a una virulé humorística, son de referencia obligada.  Pocas actrices, salvo las más clásicas del teatro español, han interpretado como María Bouzas, al estilo de María Fernanda Ladrón de Guevara, su “rol” de viuda maloliente. A la que, el terror al fantasma de su “ex”,  le hace perder el control, de modo histriónico, sobre su vida y le falla la perspicacia. ¡Inaudito!. En medio de esta burla del diablo, que se vive en la pantomima de la casa de “Francisca”, en medio de un absurdo funeral, la propietaria se convierte en una teatrera a lo bestia, sin poder superar el pavor y recobrar su normalidad de hiena al acecho.  En la sala en semipenumbra, tronada por los cielos, una omnipresencia de un féretro que es un “descojono” de fiambrera con, dentro de ella, estirado y pata tiesa, un muerto que gozaba de bastante buena salud y que te descoyunta de risa. El suspense está ausente y el velorio no da repelus. El rictus del extinto, da carcajeo. Cuando el caos llega  a un  alma en penita, la normalidad dramática no vuelve más. El duelo es circense. A mencionar la presencia erguida  de Loreto Mauleón, en esta secuencia del acompañamiento al cadáver. Distinguida, en su aire anfitrión a los dolientes. Elegante como donostiarra que sabe  estar, Loreto Mauleón, en sus respuestas a una “madrina” que intenta disfrazar, sus actos transgresores, mediante los recursos de reiterada comediante y con la hipocresía más carpetovetónica. Con Carlota y con Ariadna realizan una secuencia pulcra y honesta, en la "Casona".

Un toque de mordacidad haciendo coincidir una boda serrana con el sepelio. El amanecer y el atardecer, la vida y la muerte, en la plaza del pueblo y en la “Casona” respectivamente. Excelentemente documentada, al dedillo de la época, que comienza como una chirigotaza y acaba como templo de espiritualidad. Con una maravillosa actriz Blanca Parés, de esas como las antiguas que emocionaban y daban ganas de llorar. !Queremos rótulos para ella en primer plano!. Una novia llena de espiritualidad, representando para la inmortalidad a la enamorada más hermosa de toda la historia de PV. Ha sido la mejor boda de todas, incluida la de “Pepa”, magnífica pero más de calesera enjaezada a la cordobesa. Las palabras que se dedican  los novios, son de una conmoción absoluta, encogen al corazón y debilitan al hígado.  Sobre lo que de melancólico o agridulce tiene el misterio de la vida. De cuando te enamoras de verdad  y antes de que no hagas cuenta de los años que se reflejan en tu rostro. Ayer vimos el verdadero amor, representado por “Quintina” y “Selu”; el que perdura con los años; el que envejece a tu lado; el que, cuando escuchas algo, te coloca a tu ser amado justo al lado. El de cuando  empiezan a caer los recuerdos. Ese "solo" de guitarra con el "flashback" de la vida recorrida juntos, es memorable y te hace sangrar el gaznate.  A lo "Cinema Paradiso" con aquellos metros  de películas cortadas, vistas por "Toto" adulto.
Mario Martín está inconmensurable, en sus palabras  ante los novios. Y por cierto, de luto, está buenísimo "Raimundo".

Grandiosos ayer: María Bouzas, Blanca Parés, Selu Nieto, Ariadna Gaya, Álex Gadea, Loreto Mauleón, Carlota Baró, Aida de la Cruz, Mario Martín, Ramón Ibarra, Maribel Ripoll y Enric Benavent,  Sandra Cervera, Antonio Mourelos, Victoria Camps, Mario Zorrilla.. y todos los demás que  participaron en uno de los mejores PV que hemos visto. 
Dedicado a todos ellos, de entre los mejores actores de televisión en estos momentos.

José Ignacio Salazar

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